sábado, 29 de diciembre de 2007

Sección: Algunas leyendas del mar...

El Kraken
Bajo los truenos de la superficie,

en las honduras del mar abismal,
el Kraken duerme su antiguo,
no invadido sueño sin sueños.

Pálidos reflejos se agitan alrededor de su oscura forma;
vastas esponjas de milenario crecimiento y altura
se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza,
pulpos innumerables y enormes baten
con brazos gigantescos
la verdosa inmovilidad,

desde secretas celdas y grutas maravillosas.
Yace ahí desde siglos, y yacerá,
cebándose dormido de inmensos gusanos marinos

hasta que el fuego del Juicio Final caliente el abismo.
Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles,
rugiendo surgirá y morirá en la superficie.

Alfred Lord Tennyson (Traducción de J.L. Borges)


Dos tercios de la superficie de nuestro planeta están cubiertos por las aguas. Los océanos, gigantescos espacios de agua de extensión y profundidad asombrosos (el océano Pacífico, por ejemplo, cubre prácticamente la mitad de la esfera terrestre), siguen escondiendo numerosos misterios para la gente. Lo que sabemos sobre los océanos es, incluso, menos que lo que sabemos sobre el espacio. En este gran volumen acuático existen animales que nos impactan con su rareza, tamaño y poder.

Pocas historias del mar fueron tan terroríficas para los marinos de antaño como la del
Kraken. Se decía que un enorme animal surgía de las profundidades, atrapaba el barco con sus brazos y los hundía. La tripulación fenecía ahogada o devorada por el monstruo.
La primera mención escrita aparece en la "Historia de Noruega", de Ludvig Holberg (1752). Pero el monstruo era ya conocido por los pescadores noruegos del siglo XVI. Estos aseveraban que un día caluroso, varias millas mar adentro, los sondeos que hacían sobre la profundidad subieron misteriosamente de 15, 20 brazas a sólo 5 brazas, y que capturaron un cantidad anormal de peces grandes. Según ellos, esto se debió a que un Kraken estaba saliendo a la superficie, por lo que remaron hasta una distancia segura, vigilando si aparecía.
Tenía tres mil metros de largo, con brazos como mástiles, y era tan fuerte que podía echar a pique un barco de guerra. Cuando se sumergió, originó un remolino tan fuerte que arrastró varios barcos bajo el agua.
Algunos informes aseguran que sólo han sido vistos dos Kraken, y que sus cuerpos no serían encontrados hasta el día del fin del mundo.

Lo que resulta sorprendente de las historias del kraken es que, de todos los mounstruos marinos, es tal vez el que tenga mayor posibilidad de resultar real.
En abril del año 2003 encontraron un calamar de 15 metros de largo en la costa de Canadá. Llevaron el animal gigante a un centro de investigación. Los científicos midieron sus tentáculos y llegaron a la conclusión de que se trataba de una especie nueva, desconocida hasta ese momento. Este fue sólo uno de los innumerables hallazgos de enormes moluscos de los últimos tiempos.
Un periódico canadiense publicó una historia muy interesante en 1955, relatada por un grupo de pescadores. Estos hombres dijeron que su barco se había acercado a algo extraño en el mar. Al principio no podrían determinar si era una ballena muerta o una medusa gigante. Cuando la nave se acercó al animal extraño, uno de los pescadores se inclinó sobre la borda, intentando enganchar el animal para subirlo. En cuanto el gancho de acero se clavó en el cuerpo gelatinoso, surgió de él un tentáculo enorme. El pescador cayó sobre la cubierta, con la cara blanca por la impresión. El impacto emocional fue

tan fuerte para este hombre que tuvo que permanecer en cama hasta que el barco llegó el pue rto. En esa época se le prestó a estos testim onios la misma atención de siempre, pero ahora se descubre que el episodio tuvo lugar no muy lejos de la localización en donde fue encontrado el cuerpo de un calamar gigante muerto.

Hace muy poco, el hallazgo de una masa gelatinosa en un playa de Chile (fue el 24 de junio de 2003, en la Playa Pinuno, Los Muermos, en la costa sur de Chile), revivió la memoria de un suceso similar ocurrido a fines del siglo 19.
El 30 de noviembre de 1896 encontraron varado en una playa de la isla Anastasia, ubicada a 18 kilómetros al sur de la playa St. Augustine, en la costa este de Florida, el cadáver mutilado y deteriorado de un gran animal. Esos restos de cuerpo tenían seis metros de largo, dos de ancho y uno de altura, pesaban entre cuatro y seis toneladas y poseían muñones de brazos de 25 centímetros de grosor, uno de los cuales medía casi diez metros. La carne era de un color rosa pálido, casi blanco, y tenía una consistencia muy dura, lo que la hacía muy difícil de cortar.
Un detalle que indicaría que se trataba de un cefalópodo y no de un cetáceo, es que los restos permanecieron varados meses y durante todo este tiempo prácticamente no se produjo putrefacción. Si bien hubo intentos de hacerlo, resultó imposible conservar el gigantesco cuerpo. Es obvio que, con el tiempo, éste fue arrastrado de nuevo por el mar. Solamente se conservan unas pequeñas muestras en la Smithsonian Institution.

En Cuba y en la península de Yucatán se ha atribuido a "pulpos gigantes" la muerte de dos personas que fueron atacadas en sus piraguas. La geología y la ecología submarina de esta última región son muy similares a las de las Bahamas.
Se sabe que el comportamiento territorial de estos animales les hace atacar e incluso trepar a los barcos que se acercan a sus guaridas. En varias ocasiones se ha constatado que son capaces de cortar los cabos más resistentes, incluso de acero, después de inmovilizarlos durante varios minutos.

Lo dicho hasta ahora puede parecer una recopilación de inconsistencias. De hecho, toda observación de la naturaleza es inconsistente hasta que la ciencia toma pruebas de ella y la establece. Lo que no cabe duda es que no sólo es posible que existan aún en nuestro planeta grandes animales sin catalogar, sino que los acontecimientos de los últimos tiempos lo hacen casi seguro.
Durante todo el siglo 20, y hasta el día de hoy, se han sucedido, sin interrupción, descubrimientos de nuevas especies de animales de gran talla.
Estas son especies "nuevas" solamente para la ciencia, ya que en prácticamente todos los casos ya eran conocidas por los indígenas de las regiones respectivas. Cada tanto los científicos encuentran uno de estos animales "mitológicos" y lo "blanquean" en sus registros. Sin embargo, en general se toma con gran escepticismo la descripción de cualquier animal grande que no está inscripto en los registros de la ciencia.

Agradecimientos:
Juan Martín Kartaszewics,
Wikipedia, Internet varios.

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